¿Qué hacen mirando al cielo?
Publicado el 01 Jun 2025 por Diócesis de Nezahualcóyotl (Comunicaciones)
Homilía para el Domingo de la Ascensión del Señor – Ciclo C
Lc 24,46-53
Queridos hermanos:
Hoy celebramos la Ascensión del Señor, ese momento en el que Jesús, después de resucitar, regresa al Padre. Y lo hace no como quien se despide y se va para siempre, sino como quien culmina su obra y nos abre un camino. Podríamos pensar que con su partida todo se detiene… pero sucede lo contrario: todo comienza.
1. No todo depende de nosotros, pero sí algo muy importante
Todos tenemos planes: estudiar, casarse, cambiar de trabajo, mejorar la salud, servir a la Iglesia… y está bien tenerlos. Soñar no es malo, pero cuando los sueños nos impiden vivir el presente, entonces se convierten en excusas. A veces decimos: “Ya que me jubile… cuando tenga más tiempo… cuando cambie la situación…” y vamos dejando pasar oportunidades. Pero la vida no es un ensayo, es el escenario real. No podemos quedarnos “mirando al cielo”, esperando que todo se acomode sin mover un dedo.
Jesús mismo murió aparentemente en fracaso, pero en realidad estaba cumpliendo la voluntad del Padre. Y de ese aparente fracaso brotó la mayor victoria: la resurrección, la Vida plena. Así también nosotros, aunque algunas cosas no salgan como esperamos, podemos confiar que Dios está haciendo algo más grande de lo que alcanzamos a ver.
2. Vivir el presente con amor: es lo único que de verdad tenemos
Los ángeles dijeron a los apóstoles: “¿Qué hacen ahí mirando al cielo?” Es una forma de decirnos también a nosotros: “Ya, basta de sólo pensar, de sólo esperar, de sólo soñar. ¡Muévete! ¡Vuelve a Jerusalén!” Jerusalén es el lugar de la misión, el lugar donde se hace vida el Evangelio, y para nosotros, ese lugar es el presente.
Mirar al cielo no es malo: es necesario para tomar aire, para alzar el corazón, para llenarnos de esperanza… pero siempre para volver con más fuerza al momento actual. Este es el tiempo de amar, de perdonar, de ayudar, de construir. Como decía san Juan de la Cruz: “Al atardecer te examinarán en el amor.” Y ese amor no es un sentimiento vago, sino hacer el bien y hacerlo bien.
3. No estamos solos: viene el Espíritu Santo
Jesús no nos deja abandonados. Nos promete una fuerza que viene de lo alto, una Presencia que nos acompaña, anima, fortalece. El Espíritu Santo no es algo simbólico, es real. Y es quien convierte nuestras debilidades en coraje, nuestras caídas en lecciones, nuestras dudas en fe viva. Gracias a Él los apóstoles pasaron de tener miedo a ser testigos valientes. También nosotros, con su ayuda, podemos transformar nuestros ambientes con paciencia, ternura y verdad.
Conclusión
Hermanos, la Ascensión no es una despedida, es una entrega de responsabilidad. Jesús sube al cielo, pero no para dejar un vacío, sino para llenarnos de su Espíritu. Nos dice hoy: “Tú, ve a tu Jerusalén, a tu lugar de misión, ahí donde te toca servir. Vive, ama, actúa, da testimonio. No esperes a que todo esté perfecto. Empieza hoy, empieza ahora.” Y mientras lo hacemos, no olvidemos que el cielo sigue siendo nuestra meta, pero el presente es nuestro campo de batalla.
Y recuerda: lo único que nos vamos a llevar… es el amor con que vivimos.
Pbro. Julio César Ponce García