Bloqueos, pros y contras
Publicado el 15 Sep 2025 por Diócesis de Nezahualcóyotl (Comunicaciones)
+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo Emérito de SCLC
HECHOS
¡Cuántos trastornos generan los bloqueos de calles y, sobre todo, de carreteras! Yo mismo los he sufrido varias veces. Hace años, allá en la costa de Chiapas, no dejaron pasar una ambulancia que llevaba una persona muy enferma y, a consecuencia de ello, falleció.
Son incontables los casos de quienes pierden un juicio penal por no llegar a la hora citada. Ni qué decir de retrasos e inasistencias al trabajo o a la escuela, operaciones médicas reprogramadas, pérdida de vuelos, así como stress, desesperación y mil complicaciones de quienes no pueden pasar y son retenidos por horas.
Sin embargo, muchos bloqueos son justificados, porque las autoridades correspondientes no atienden las justas demandas de la población.
Un ejemplo: el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) no reparaba un templo en Bachajón, Chiapas, considerado monumento nacional y dañado por un sismo. La comunidad hizo varias peticiones escritas y personales, pero no se les hacía caso. Hasta que uno de los mismos directivos locales del Instituto aconsejó a los indígenas que bloquearan las carreteras, porque sólo así serían atendidos. Así se hizo, y el templo fue reparado.
Estos ejemplos se podrían multiplicar por millares. Algunas autoridades sólo reaccionan de esa manera, aunque no es la mejor solución, pues los daños colaterales afectan a tantas personas ajenas al problema y que nada pueden hacer para resolverlo.
¡Ojalá nuestras autoridades estuvieran más pendientes de las quejas de la comunidad para evitar mayores daños a la población! Lo podrían hacer mejor si no anduvieran en tantos eventos sociales y políticos, sólo para quedar bien y no perder méritos para seguir escalando en puestos.
Un recuerdo personal: mi papá y otros vecinos, cuando aún no había luz eléctrica en mi pueblo, viajaban cada ocho días a Toluca —tres o cuatro horas de trayecto— para solicitar la electrificación ante la CFE. Pasaban semanas y meses y nada. Nunca tomaron la iniciativa de bloquear. Se resolvió cuando, después de tantas insistencias, los responsables dijeron: “Con tal de que ya no vengan a molestar tanto, haremos lo que piden”. Y se electrificó el pueblo. Nunca dañaron a otras personas ajenas al asunto.
Algo parecido me ocurrió con una petición que hice al Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en Roma. Me decían: “El día que su documento llegó, estaba hasta encima del montón de asuntos que debemos atender; a la semana siguiente, más abajo; después de un mes, muy abajo; y después de algunos meses, ¡quién sabe dónde quedó! Por eso, insista para que lo tomemos en cuenta”. Después de un tiempo, se aceptó mi petición.
ILUMINACIÓN
El Papa Francisco, en su exhortación Evangelii Gaudium, afirma:
“No a la inequidad que genera violencia. Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. (…) Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca” (EG 59).
Y continúa:
“La inequidad genera tarde o temprano violencia. La represión violenta, más que aportar soluciones, crea nuevos y peores conflictos. (…) Esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países –en sus gobiernos, empresarios e instituciones– cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes” (EG 60).
ACCIONES
Antes de decidir bloquear calles o carreteras, hay que agotar todas las medidas pacíficas que no dañen a la comunidad.
Y si no hay otro método, hay que encontrar formas que causen el menor problema posible a la sociedad inocente y que nada tiene que ver en el asunto.