Charlie Kirk - Iryna Zarutska, reflexión
Publicado el 16 Sep 2025 por Vicaria Señor de la Misericordia (Señor de la Misericordia)
Hoy contemplamos con dolor la violencia que ha golpeado nuevamente la vida humana, recordándonos cuán frágiles somos y cuánto necesitamos de Dios. Las noticias mencionadas nos estremecen y nos invitan a detenernos a reflexionar, no desde la pasión política, ideológica, sino desde la luz del evangelio. La primera verdad que debemos recordar es que donde está Dios hay amor, perdón, paz. Si el mundo carece de todo esto, lo que está por venir será mucho peor. Primero, Dios.
Segundo, toda vida humana es sagrada. Cada persona lleva impresa en sí la imagen de Dios. Por eso, cuando alguien es as*sin*d@, no se apaga solamente una voz en este mundo, se hiere también el rostro de Dios reflejado en esa vida. Frente a un mundo que pretende constantemente recalcular, revalorizar y relativizar el valor y la dignidad de la persona y la vida humana. Lo que está ocurriendo es una pequeña muestra sensible, visible, mediática de lo que está ocurriendo y lo está en estos precisos momentos, de manera silenciosa, silenciada y silenciadora. Vientre materno (ab*rt*), ¿no? Para qué enumerar tantas formas, tantos lugares y medios. No terminaría, son demasiados, no acabaría.
En definitiva, estamos hablando del corazón humano engreído, soberbio, altanero frente a Dios, frente al hermano. Y esto nos lleva al tercer punto. Este segundo es, la vida humana es sagrada.
El tercero es el misterio del mal. Se revela la fuerza destructiva de lo que San Pablo llamaba el "misterium iniquitatis", el misterio de la iniquidad. Ese poder oscuro que divide, enfrenta y convierte al hermano en enemigo, al diferente en amenaza, al débil en objeto. Ante el mal, fácilmente podemos caer en la tentación de responder con más odio, con más venganza, haciendo caso omiso a las palabras de San Pablo, vencer al mal a fuerza de bien.
Por ello, el evangelio nos lleva y nos enseña un camino distinto, el de Cristo crucificado, víctima inocente que respondió al mal no con violencia, sino con perdón y con su propia sangre. Te pregunto a ti, ¿eres cristiano? Asume tu dignidad y tu misión. Que se nos note. Cuando un inocente es… lo que fuese, su sangre clama desde la tierra como la de Abel. Pero en Cristo ese clamor encuentra respuesta.
No el círculo de la venganza, sino la semilla de la reconciliación. Jesús nos lo enseñó en la cruz y a voz en grito clamaba, "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen." En este mundo se busca la justicia, pero es limitada, sigue siendo humana, sigue dependiendo relativamente de nosotros, decisiones, investigaciones, juicios. La justicia en este mundo seguirá siendo limitada. A veces inclusive inocentes pagan por culpables y los realmente culpables están por allí sueltos. Por ello, para nosotros sigue resonando la voz de Cristo, nuestro Rey y juez, diciéndonos: "Bienaventurados los…” la justicia divina, en ella confiamos y esperamos.
Y es que en verdad si solamente esperásemos una justicia humana, realmente deberíamos entristecernos hasta consumirnos, porque hay tantas injusticias. Debemos reflexionar sobre nuestra responsabilidad con lo cual: En la construcción de la paz, no se trata solo de condenar la violencia, sino de reconocer cuántas veces nosotros mismos alimentamos la violencia con nuestras palabras, con los juicios apresurados, con el desprecio hacia quienes piensan distinto y tantas formas de dañar, dividir, destruir, herir, sin miramientos y hasta sin cargos de conciencia.
La paz comienza en lo profundo del corazón cuando dejemos que Cristo lo habite con su Espíritu. Por último, queridos hermanos, estos hechos nos recuerdan la fragilidad de la vida y la urgencia de vivir siempre reconciliados con Dios y con el hermano. Nadie sabe el día ni la hora. La muerte puede sorprendernos de improviso. Por eso la mejor preparación es vivir en la gracia. reconciliados con una fe viva que nos impulse a hacer el bien mientras tenemos tiempo.
Oremos por las víctimas, por sus familiares y también por los agresores. Pidamos al Señor que toque los corazones endurecidos por el odio y derrame sobre el mundo el don de la paz. Que María, Reina de la Paz, interceda por nosotros y nos ayude a ser constructores de un futuro donde la vida sea defendida, la verdad se proclame, la fraternidad triunfe sobre la violencia y Cristo reine en nuestros corazones.
Dale, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua.
Que por la misericordia de Dios las almas de nuestros hermanos difuntos descansen en paz.
Alabado sea Jesucristo. Por siempre sea alabado.
Hasta pronto.
Esta reflexión ha sido tomada y tanscrita del canal de youtube @unsacerdotemillennial, del Pbro Byron Cadmen, sacerdote religioso de la comunidad Communio Sanctorum, quien me ha permitido usarla en este espacio, y por lo cual agradezco infinitamentre su generosidad. Paz y bien