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Clausura del Año Jubilar y cierre de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro

Publicado el 06 Jan 2026 por Diócesis de Nezahualcóyotl (Comunicaciones)

Ciudad del Vaticano. Con el cierre solemne de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, la Iglesia universal ha concluido el Año Jubilar, un tiempo extraordinario de gracia que marcó la vida espiritual de millones de fieles en todo el mundo. La Puerta Santa, abierta al inicio del Jubileo por el Papa Francisco, fue cerrada por el Papa León XIV, sellando así un periodo intenso de conversión, peregrinación y esperanza.

 

Un umbral cruzado con fe

Durante este Año Jubilar, la Basílica Vaticana —y con ella las iglesias jubilares del mundo— vio pasar a innumerables hombres y mujeres que cruzaron su umbral no como turistas, sino como peregrinos, movidos por una búsqueda profunda de Dios. Atravesar la Puerta Santa fue signo de un paso interior: dejar atrás el pecado, reconciliarse, sanar la memoria y abrir el corazón a la misericordia.

 

Cuando Dios se manifiesta, nada queda igual

En la homilía de la Epifanía del Señor, pronunciada en el contexto de la clausura jubilar, el Papa León XIV recordó que toda manifestación de Dios provoca siempre una reacción: alegría y turbación, deseo y resistencia. Subrayó con fuerza que ante la presencia de Dios nada puede permanecer estático. El Jubileo, afirmó, ha sido una interrupción providencial de la falsa tranquilidad que lleva a pensar que “no hay nada nuevo bajo el sol”.

 

Millones en camino, una misma pregunta

La Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, la última en cerrarse, fue testigo de este dinamismo espiritual. Por ella pasaron millones de personas —jóvenes, familias, ancianos, pobres y ricos— que llegaron con preguntas sencillas y esenciales, como la de los magos en el Evangelio: «¿Dónde está el Rey que ha nacido?». El Santo Padre invitó a la Iglesia a tomarse en serio esta búsqueda contemporánea y a preguntarse qué han encontrado quienes cruzaron sus umbrales: qué acogida, qué escucha y qué signos de vida.

 

¿Por qué un Año Jubilar es diferente?

El Año Jubilar no es un año como los demás. Es un tiempo extraordinario en el que la Iglesia hace visible con mayor intensidad su misión permanente: llamar a la conversión, ofrecer reconciliación y renovar la esperanza. Por ello, durante el Jubileo se concede de modo especial la indulgencia plenaria, signo concreto de la misericordia de Dios que sana, libera y restaura.

 

La gracia no se agota con el Jubileo

El Jubileo no significa que la misericordia de Dios esté limitada a estos años especiales. La gracia del Señor está siempre disponible. El Jubileo la pone en primer plano y nos recuerda que siempre es posible recomenzar. Incluso fuera de los años jubilares, la Iglesia concede indulgencia plenaria en diversas ocasiones, como la adoración eucarística prolongada, el rezo comunitario del Santo Rosario, la lectura orante de la Sagrada Escritura o la vivencia concreta de las obras de misericordia, acompañadas de la confesión sacramental, la comunión eucarística y la oración por las intenciones del Papa.

 

La Puerta se cierra, el camino continúa

El cierre de la Puerta Santa no marca un final, sino una responsabilidad nueva. El Papa León XIV fue claro: el Jubileo ha venido a recordarnos que se puede volver a empezar, es más, que aún estamos en los comienzos, porque el Señor quiere crecer entre nosotros y seguir siendo el Dios-con-nosotros.

 

Después del Jubileo: vivir como peregrinos de esperanza

Vivir después del Jubileo implica no regresar simplemente a la rutina, sino prolongar en la vida diaria la gracia recibida. Significa vivir como peregrinos permanentes de esperanza: con corazones reconciliados, con comunidades que no se convierten en monumentos, sino en hogares; con una fe en movimiento, abierta a la novedad de Dios; y con una caridad concreta que reconoce en cada persona a un hermano y en el diferente a un compañero de camino.

 

Una Iglesia llamada a custodiar la aurora

Al clausurar el Año Jubilar, la Iglesia recibe una tarea clara: custodiar la esperanza que ha nacido, proteger lo que es pequeño y frágil, y permitir que la alegría del Evangelio siga transformando la vida personal, comunitaria y eclesial. Como recordó el Santo Padre, si nuestras comunidades permanecen abiertas y disponibles, entonces —aun con la Puerta Santa cerrada— seguiremos siendo, en medio del mundo, la generación de la aurora.

 

Preguntas clave para comprender el Año Jubilar

 

¿Qué tiene de especial un Año Jubilar?

Un Año Jubilar es un tiempo extraordinario de gracia que la Iglesia celebra, ordinariamente, cada 25 años. Se caracteriza por la apertura de la Puerta Santa, la invitación a la peregrinación, la reconciliación, la caridad y la posibilidad de recibir la indulgencia plenaria, signo concreto de la misericordia de Dios.

 

¿Para obtener las gracias de Dios tenemos que esperar otros 25 años?

No. Las gracias de Dios están siempre disponibles. El Jubileo no “crea” la misericordia, sino que la pone en primer plano y la ofrece de forma más explícita y abundante, como una llamada urgente a la conversión.

 

¿Hay otras maneras de obtener la indulgencia plenaria fuera de los años jubilares? ¿Cuáles son?

 

Sí. La Iglesia concede indulgencia plenaria en diversos momentos, por ejemplo:

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