¡25 años de fidelidad y entrega sacerdotal!
Publicado el 02 Jul 2025 por Diócesis de Nezahualcóyotl (Comunicaciones)
El pasado 29 de junio de 2025, solemnidad de San Pedro y San Pablo, cuatro sacerdotes de nuestra diócesis celebraron 25 años de ministerio sacerdotal:
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Pbro. Felipe Salazar Cervantes
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Pbro. Juan Ubaldo Díaz Cortés
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Pbro. Mario González Ballesteros
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Pbro. Manuel Briceño Domínguez
Ordenados el mismo día, el 29 de junio del año 2000, estos hermanos han recorrido un largo camino de servicio, entrega y fidelidad al Señor y a su pueblo. Veinticinco años de ministerio no se improvisan ni se improvisan en un día. A este jubileo de plata le anteceden también largos años de formación, discernimiento y preparación —al menos ocho— que hacen de esta celebración no solo el recuerdo de una fecha, sino el reconocimiento de una vida consagrada al servicio de Dios y de la Iglesia.
Un sacerdote: don de Dios para su pueblo
El sacerdote es presencia viva de Cristo en medio de la comunidad. Su vida es una prolongación del amor pastoral de Jesús: predica la Palabra, perdona los pecados, acompaña al enfermo, celebra la Eucaristía, consuela en el dolor, bautiza, enseña, escucha, guía, ora. Es instrumento de la santificación del Pueblo de Dios y testigo de la misericordia divina en cada rincón donde ha sido enviado.
A lo largo de estos años, el Padre Felipe, el Padre Juan Ubaldo, el Padre Mario y el Padre Manuel han dejado huellas imborrables en las comunidades que han servido. No siempre se les reconoce visiblemente, pero muchos corazones han sido tocados, muchas vidas transformadas y muchas almas consoladas por su ministerio silencioso y fiel.
Más de media vida al servicio del Evangelio
Estos 25 años son mucho más que una cifra: son más de media vida ofrecida al Señor, con generosidad, constancia y amor pastoral. En un mundo marcado por la prisa, lo pasajero y la superficialidad, su testimonio es un recordatorio de que la fidelidad aún es posible, de que la vocación sacerdotal es un regalo que vale la pena cultivar, cuidar y agradecer.
Por ello, nos unimos en gratitud a Dios por sus vidas y ministerio. Damos gracias también a ellos, por su entrega silenciosa, por sus desvelos, por sus oraciones, por su presencia en lo ordinario de nuestras vidas. Y, al mismo tiempo, los encomendamos al Señor y a la intercesión de la Virgen María, pidiendo que los fortalezca, los renueve y les conceda abundantes bendiciones.
Que esta celebración nos anime a todos a valorar el don del sacerdocio y a orar con mayor fervor por nuestros pastores.