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«La barca le pertenece a Él»: El Seminario San José concluye el ciclo escolar 2025-2026 entre retos y una profunda experiencia de fe

Por: Diócesis de Nezahualcóyotl
«La barca le pertenece a Él»: El Seminario San José concluye el ciclo escolar 2025-2026 entre retos y una profunda experiencia de fe

El camino de la formación sacerdotal nunca ha sido una línea recta, sino una travesía donde el corazón se templa y la fe se purifica. Este domingo 14 de junio, el Seminario San José, reconocido con justa razón como el corazón latente de nuestra Diócesis de Nezahualcóyotl, se congratula y se postra en acción de gracias al celebrar el término del ciclo escolar 2025-2026.

El esfuerzo intelectual al servicio del Reino

Las actividades de este día de gracia comenzaron con el solemne Acto Académico, un espacio dedicado a reconocer que la formación de los futuros pastores requiere también de la excelencia de la razón iluminada por la fe.

Este acto estuvo presidido por el rector de la institución, el Pbro. Lic. Guillermo Flores Millán, quien acompañó con gozo la entrega de merecidos reconocimientos a los seminaristas que concluyeron con éxito una etapa más de su itinerario formativo, así como a aquellos que destacaron por obtener los mejores promedios académicos del ciclo.

Estos reconocimientos no son motivo de orgullo vano, sino constancia del don recibido para ponerse, el día de mañana, al servicio del Pueblo de Dios.

La Eucaristía: Sacrificio y acción de gracias

Posteriormente, la comunidad del seminario con sus familias se congregó para celebrar el corazón de la jornada: la Santa Misa, la cual estuvo presidida por nuestro pastor diocesano, Mons. Héctor Luis. En un ambiente de profunda oración y recogimiento, la liturgia se convirtió en el altar donde se entregaron los frutos de todo un año de trabajo.

Mirar hacia atrás al concluir este año lectivo no es solo hacer un balance académico; desde una perspectiva pastoral, es reconocer el paso fiel y el amor desbordante de Dios en medio de nuestra fragilidad. Ha sido un año de profundos cambios, de retos mayúsculos y de constantes sorpresas que desafiaron las certezas humanas de la comunidad del seminario.

La tormenta que purificó la confianza

No se puede ocultar que, en diversos momentos de este ciclo, la adversidad se hizo sentir. Entre obstáculos imprevistos y resultados que no siempre coincidieron con las expectativas deseadas, la comunidad formativa experimentó en carne propia la sensación de que su barca era fuertemente zarandeada por las olas del desánimo o la incertidumbre.

Como los discípulos en el pasaje evangélico, hubo instantes de zozobra donde el peso de las circunstancias obligó a los jóvenes seminaristas y a sus formadores a despojarse de sus propias fuerzas. 

Fue ahí, en la vulnerabilidad, donde aprendieron la lección pastoral más valiosa: gritar, suplicar, llorar, pero también alabar al Señor. En medio de la tempestad, la Iglesia diocesana se unió al clamor de sus futuros pastores para despertar al Maestro con un grito sincero: «¡Sálvanos, Señor, que nos hundimos!».

Una lección crucial para el futuro ministerio

Al respecto, el Padre Erick, reflejando el sentir de todo el cuerpo de formadores y alumnos, sintetizó con profunda sabiduría pastoral el significado teológico de este año que cierra:

«El Señor nos ha enseñado una lección crucial: esta barca le pertenece a Él, y a nadie más, y nosotros solo hemos hecho lo que teníamos que hacer».

Compartir el pan en el calor del hogar diocesano

Tras haber alimentado el espíritu en la Mesa de la Palabra y de la Eucaristía, la jornada culminó con una emotiva convivencia. Los seminaristas compartieron con sus padres, hermanos y familiares, quienes han sido la iglesia doméstica donde germinaron estas vocaciones.

Este espacio de convivencia familiar permitió compartir los sagrados alimentos en un ambiente de fiesta, recordando que el llamado al sacerdocio no aísla al joven, sino que ensancha su capacidad de amar y comunión.

El Seminario San José concluye así el ciclo 2025-2026: con la mente enriquecida por el estudio, el alma purificada por la prueba y el corazón lleno de gratitud. La barca sigue su marcha rumbo a un nuevo horizonte, sabiendo perfectamente quién es el timonel que la guía.

¡Enhorabuena a toda la comunidad del Seminario y que San José siga custodiando las vocaciones de Nezahualcóyotl!

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