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Cristo es Nuestra Paz

A cuatro años de un dolor que sembró esperanza: La Iglesia en México convoca a un clamor nacional por la paz y la justicia

Por: Diócesis de Nezahualcóyotl
A cuatro años de un dolor que sembró esperanza: La Iglesia en México convoca a un clamor nacional por la paz y la justicia

Este 20 de junio se cumplen cuatro años de aquellos dolorosos acontecimientos que marcaron un antes y un después en la historia reciente de nuestra Iglesia Católica y de la sociedad mexicana.

La herida provocada por la violencia sigue abierta, pero lejos de paralizarnos, el recuerdo del dolor que atraviesa a nuestra patria se ha convertido en un motor de fe, uniendo a la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), a los Jesuitas de México, a la CIRM y a la Dimensión Episcopal para los Laicos en un solo latido: el Diálogo Nacional por la Paz.

Frente a la realidad que nos golpea, la Iglesia no calla, sino que convoca a una jornada de comunión nacional. Como creyentes, tenemos el deber de discernir los signos de los tiempos, y esta conmemoración nos exige una profunda reflexión pastoral estructurada en tres ejes fundamentales:

1. Un llamado a la conversión, no una afrenta

Es imperativo aclarar, de cara a toda la sociedad, que esta movilización de fe no es una afrenta contra nadie, ni busca la confrontación política. Es, en su esencia más pura, un clamor de justicia y paz; un llamado urgente a la conversión del corazón.

La violencia florece ahí donde abunda la indiferencia. Hoy se nos invita a sacudirnos esa apatía sorda que nos hace pensar que, como el dolor es de otros, a nosotros no nos incumbe. San Pablo nos recordaba que si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él.

Ojalá no tengamos que esperar a sufrir los estragos de la violencia de manera más encarnizada para reaccionar. Romper el silencio y la indiferencia es el primer paso para sanar a México.

2. Signos que despiertan la conciencia en comunidad

La paz no es un concepto abstracto, se construye con gestos concretos y comunitarios. Para este fin de semana, se nos propone inundar el país con signos visibles de esperanza:

  • El eco que despierta el alma: Este 20 de junio a las 15:00 horas, sonarán las campanas de todos los templos y parroquias de México. Esos golpes de bronce no son un simple llamado civil; pastoralmente, representan la voz de Dios que resuena en medio de la cotidianidad, invitándonos a despertar, a sumarnos en oración y a ponernos en acción.

  • La bandera de la reconciliación: Asimismo, se pide colocar un listón o banderín blanco en las puertas de nuestras casas, escuelas y lugares de trabajo. Este moño es el recordatorio silencioso pero firme de que todos, desde el espacio que nos corresponde, estamos llamados a ser artesanos de la paz y del diálogo.

  • Hacer memoria e incluir: El domingo 21 de junio, los altares de nuestras iglesias abrazarán el dolor de miles de familias al recibir las fotografías de nuestros hermanos desaparecidos. En las celebraciones litúrgicas, oraremos por las madres y padres buscadores, e integraremos de manera especial a los jóvenes para que lleven las ofrendas, abriendo espacios de inclusión y sanación comunitaria.

3. Una oración confiada y corresponsable

Finalmente, la oración a la que se nos convoca en estos días no debe ser entendida como una plegaria desesperada de quien se siente derrotado, sino como una oración profundamente confiada en el Dios de la vida. Pero cuidado: orar en la fe católica no significa "dejarle todo a Dios" o esperar pasivamente que las autoridades o los demás resuelvan la crisis.

La verdadera oración pastoral nos devuelve la mirada hacia nuestras propias manos; nos arrodilla ante el Sagrario para levantarnos con la fuerza necesaria para asumir la responsabilidad que a cada uno nos toca en la reconstrucción del tejido social.

Unidos en oración, fe y esperanza por México, respondamos con generosidad a este llamado diocesano. Que el sonido de las campanas y la blancura de nuestros listones no se queden en la superficie, sino que sean el reflejo de un compromiso interior para edificar, desde el amor, el México fraterno que tanto necesitamos y que el Señor nos encomienda resguardar.

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