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CLAUSURAS DEL CICLO FORMATIVO LECTIVO EN NUESTROS CENTROS DEL IFLSPP

Por: Pastorales Diocesanas
CLAUSURAS DEL CICLO FORMATIVO LECTIVO EN NUESTROS CENTROS DEL IFLSPP

Como cada último domingo de agosto, el Instituto de Formación para Laicos al Servicio de la Pastoral Parroquial (IFLSPP) llevó a cabo las clausuras del ciclo formativo lectivo en cada uno de los centros de nuestra Diócesis.

A diferencia de la Clausura General, que se celebra en la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe —donde, de manera simbólica, un alumno de cada grado, de todos los estados de la República y de las Naciones donde se encuentra presente nuestra Obra Apostólica, recibe el diploma en representación de todos sus hermanos—, y de la Clausura Diocesana, celebrada en nuestra Catedral Jesús, Señor de la Misericordia —donde un alumno por grado, de toda nuestra Diócesis, recibe su diploma, y en su caso Medalla (Semilleros de Vocaciones) o Crucifijo (IFLSPP), de manos de nuestro Rector Diocesano, Monseñor Don Héctor Luis Morales Sánchez y del Asistente Diocesana Pbro. Lic. Rolando J. Saldaña Márquez—, en la clausura a nivel centro cada alumno recibe personalmente, de manos del Sacerdote, el diploma correspondiente al grado que concluye. Los alumnos de primer grado, tanto del IFLSPP como de Semilleros de Vocaciones (SV), reciben además su Crucifijo y su Medalla, respectivamente.

El diploma está cargado de una rica simbología que representa el camino recorrido al encuentro con el Señor: un cambio de vida y la decisión de colocar a Cristo en el centro de las actividades, los pensamientos y el modo de vivir de cada alumno. Representa también la disciplina sostenida durante la formación —la asistencia, la puntualidad, las tareas y el estudio dedicado a lo largo del año— y, sobre todo, la perseverancia: muchos comenzaron el camino, pero pocos lograron culminarlo.

El Crucifijo de envío, por su parte, porta la figura de Cristo Buen Pastor junto con los lemas "Luz y Sal" y "Reunir y Servir", recordándonos que, dondequiera que nos encontremos, estamos llamados a vivir estas dos acciones para gloria de Dios y salvación de todos los hombres. Al momento de la imposición, el Sacerdote dice a cada alumno: "(nombre), ¡Cristo y la Iglesia te envían al mundo a dar testimonio!", y el alumno responde: "¡Yo iré y lo daré!". Con esta fórmula, cada uno pasa a formar parte del Equipo Laico al servicio de la Pastoral, conscientes de la importancia de ser enviados y de Quién nos envía.

Damos gracias a Dios por cada hermano que culminó un ciclo formativo lectivo; por cada equipo de servicio que se preparó para darlo todo por las almas que el Señor puso en sus manos; por cada Sacerdote que nos brinda las instalaciones de sus Parroquias y Capillas, que nos anima con sus palabras y nos impulsa a seguir preparándonos y sirviendo en las comunidades parroquiales; y, sobre todo, a Dios, que nos permite ser servidores aún sin merecerlo, pero que nos va moldeando con sus manos para la Misión.

Que cada grado concluido nos lleve a enamorarnos más de Dios y a vivir una entrega cada vez mayor, no solo en nuestra Obra, sino para la Iglesia toda. Concluir un grado no es una meta en sí misma, sino un compromiso renovado de permanecer unidos a la Vid, para seguir dando el fruto que Él pone en nuestro corazón. Nuestra meta sigue siendo la misma: "Que esta Obra permanezca y se extienda a todo el mundo".

 

Con información de Mónica Montes de Oca Aparicio, Coordinadora Diocesana del ELSP en la Diócesis de Nezahualcóyotl.

Redactó: Anel Olivera López

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