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El Seminario San José inicia el curso 2026-2027 con una Misa que unió vocaciones y familias

Por: Diócesis de Nezahualcóyotl
El Seminario San José inicia el curso 2026-2027 con una Misa que unió vocaciones y familias

La comunidad del Seminario San José vivió el domingo 30 de agosto de 2026 una jornada intensa de fe y comunión eclesial: la Misa de Inicio del Curso 2026-2027, presidida por Mons. Héctor Luis Morales Sánchez, Obispo de la Diócesis de Nezahualcóyotl.

La celebración marcó el arranque oficial de la formación de los seminaristas para el nuevo año, con dos signos propios de este camino: la toma de alba de los alumnos de segundo de preparatoria del Seminario Menor y la toma de sotana de los alumnos de primero de filosofía del Seminario Mayor.

A ellos se sumó la profesión de fe de los Padres Formadores y Profesores del Seminario, quienes renovaron públicamente su adhesión a la fe de la Iglesia como fundamento de su tarea educativa.

La jornada tuvo, además, una peculiaridad que la convirtió en una verdadera fiesta de familias: la Misa se unió a la celebración del retiro de papás y padrinos de los niños que se preparan para recibir la Primera Comunión y la Confirmación en la Parroquia San Juan Bautista, de Xocolines, retiro conducido por el Pbro. Pedro Nicolás Nicanor y realizado también en las instalaciones del Seminario San José. Así, en un mismo altar y bajo una misma bendición, se entrelazaron dos vocaciones que sostienen a la Iglesia: la del sacerdocio en formación y la de la familia que acompaña la iniciación cristiana de sus hijos.

Una formación que exige, según el Obispo, "régimen de vida"

En su homilía, Mons. Héctor Luis recurrió a la imagen del deporte de alto rendimiento para hablar de lo que significa formarse en serio, ya sea como seminarista o como hijo de familia. Recordó que "querer" algo es solo un primer paso, y que alcanzar metas más altas exige entrar en un régimen de vida, "y eso es quizá lo más difícil". Con ejemplos de boxeadores y futbolistas mexicanos que enfrentaron lesiones, insultos y rechazo sin abandonar, subrayó que la preparación "no es solamente física. También es interior; tiene que ver con el espíritu de la persona".

De ahí pasó al corazón de su mensaje: "Dios es un gran entrenador". No solo promete la meta —"el que persevere hasta el fin, ese se salvará"—, sino que prepara para las dificultades del camino, tal como lo vivieron Moisés, Jeremías, Elías y Jonás, hombres de fe que también conocieron el cansancio y la frustración.

Citando el Evangelio, el Obispo recordó las palabras de Jesús: "El caso que hicieron de mis palabras es el caso que harán de las de ustedes", y también: "Si alguno quiere seguirme, que tome su cruz y me siga". "Fíjense bien: si alguno quiere. No es una obligación, porque Dios nunca obliga", explicó, invitando a padres, formadores y seminaristas a no desanimarse ante la incomprensión, "porque si al mismo Jesús no le hicieron caso, ¿cómo no vamos a experimentar nosotros también el rechazo?".

A los padres de familia presentes —muchos de ellos ahí precisamente por el retiro de la Confirmación y la Primera Comunión de sus hijos— el Obispo dirigió palabras muy concretas: que no dejen de acompañar y exigir a sus hijos, aunque el fruto no se vea de inmediato, porque "ante Dios podré decir que la parte que a mí me correspondía, yo la hice".

Y a los seminaristas les habló con igual claridad sobre la humildad del servicio cotidiano —barrer, lavar trastes, sostener la vida de comunidad—, signo de una formación integral que no evita el esfuerzo sino que forja el carácter: "no seamos tan débiles, tan frágiles, como una bombilla que al primer golpe se rompe". Cerró con una invitación a la oración fraterna y a la confianza: "Necesitamos la fuerza de Dios (...) Que Él sea nuestro mejor entrenador, pero también nuestro mejor compañero de camino".

La fiesta continúa: convivencia, alimentos y mariachi

Concluida la Santa Misa, la comunidad del Seminario San José prolongó la alegría del Espíritu en una convivencia fraterna entre los jóvenes seminaristas y sus familias, quienes compartieron los alimentos amenizados por música de mariachi. La escena —seminaristas de alba y sotana recién estrenadas, padres formadores, familias de los seminaristas, todos a la misma mesa— fue un signo elocuente de que la Iglesia diocesana es, ante todo, una gran familia que camina junta.

Proyección pastoral

Esta jornada deja a la comunidad diocesana una enseñanza sencilla y profunda: toda vocación —al sacerdocio, a la paternidad, a la maternidad, al padrinazgo— exige perseverancia, régimen de vida y una entrega que Dios mismo acompaña como el mejor entrenador.

Que la toma de alba y de sotana de estos jóvenes seminaristas, la profesión de fe de sus formadores y el compromiso renovado de tantos padres y padrinos sean, para toda la Diócesis de Nezahualcóyotl, un llamado a no abandonar el camino de la fe cuando cuesta trabajo, confiando en que quien persevere hasta el fin, como enseña el Señor, alcanzará la meta.

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