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Perspectiva Católica

Sismos en el mundo ¿Es el fin del mundo?

Por: Diócesis de Nezahualcóyotl
Sismos en el mundo ¿Es el fin del mundo?

Recientemente hemos visto en las noticias que han sucedido sismos, aparentemente, con mucha frecuencia. ¿Cuál es la actitud cristiana ante estos acontecimientos?

Como mexicanos, conocemos bien toda la problemática que se suscita después de un temblor de magnitudes considerables, por lo que, la empatía es el resultado lógico al entender el dolor ajeno; en consecuencia aparece la necesidad de ayudar, además estas necesidades entran en el listado de obras de misericordia corporales (Dar de comer al hambriento, de beber al sediento, posada al necesitado, vestir al desnudo), sin embargo, debido a la distancia que existe entre los países afectados y nosotros, es complicado llevarlo a cabo, aunque nunca está de más localizar centros de acopio oficiales y donar alguna cosa, o en el caso de instituciones de la Iglesia, aportar economicamente a través de Cáritas.

¿Qué puedo hacer si no me es posible donar en un centro de acopio?

Bueno, pues también existen las obras de misericordia espirituales; en este caso, aplican dos de ellas: “consolar al triste y rogar a Dios por vivos y difuntos”. El gesto más sencillo pero más valioso de amor por nuestros hermanos es la oración, aunado a eso, podemos utilizar las redes sociales para dejarles nuestros buenos deseos a quienes están sufriendo, incluso, si podemos entrar en contacto con alguno, ofrecer palabras de consuelo.

¿Es el fin del mundo?

Ahora responderemos a la pregunta planteada en el título ¿Es el fin del mundo?

La respuesta la encontramos en Mateo 24, 3-13. 36

“Estando él sentado en el monte de los Olivos, se le acercaron los discípulos y le preguntaron a solas: Dinos cuándo va a ocurrir eso y cuál es la señal de tu venida y del fin del mundo. Jesús les contestó: Cuidado con que alguno los extravíe porque van a venir muchos usando mi título, diciendo: <El Mesías soy yo>, y extraviarán a mucha gente. Van a oír estruendo de batallas y noticias de guerras. Miren, no se alarmen, que eso tiene que suceder, pero no es todavía el final. Porque se alzará nación contra nación y reino contra reino, habrá hambre y terremotos en diversos lugares, pero todo eso no es más que los primeros dolores. Los entregarán al suplicio y los matarán, por mi causa se odiarán unos a otros. Saldrán muchos falsos profetas y extraviarán a mucha gente; al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría, pero el que resista hasta el final, se salvará…

… En cambio, del día aquél y la hora nadie sabe ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, solo y únicamente el Padre…”

Claramente podemos aplicar las palabras de Jesús en nuestra realidad actual, “no se alarmen” y “aquel día y la hora nadie la sabe”. No hay nada que temer, al contrario, este es un buen momento para confirmar la confianza en Dios y su infinita misericordia, que, aunque no discrimina a nadie, siempre prefiere a los pobres y necesitados.

Dios está ahí, en cada corazón doliente, acompañando su caminar. Es verdad que no podemos verlo o sentirlo con la seguridad que requieren nuestros sentidos, pero ahí está, visible a los ojos del alma de quien confía plenamente en su amor; sirviéndose de quien ofrece una palabra de consuelo, un vaso de agua, su fuerza para excavar, cargar y levantar los escombros en búsqueda de sobrevivientes, escuchando atento tus peticiones llenas de dolor por el sufrimiento de los hermanos.

De modo que, lo que podemos hacer es orar y confiar, y de ser posible, realizar alguna obra de misericordia, podría parecer poco pero es justo lo que necesitamos todos cuando estamos ante una crisis.

Para finalizar te pregunto, estimado lector ¿Por quién vas a orar hoy?

 

Seudónimo: Amor del alma.

Mónica Rocío Peñaflores Oceguera

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