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Veinticinco años de un “sí” que sigue dando fruto: el Pbro. José Guillermo Buendía Arévalo celebra sus Bodas de Plata sacerdotales

Por: Diócesis de Nezahualcóyotl •
Veinticinco años de un “sí” que sigue dando fruto: el Pbro. José Guillermo Buendía Arévalo celebra sus Bodas de Plata sacerdotales

Del Seminario a la parroquia, un pastor que ha formado pastores celebra 25 años de ministerio en su primera comunidad parroquial

Nezahualcóyotl, Méx., 19 de octubre de 2026.- Con un corazón agradecido y rodeado de su comunidad parroquial, el Pbro. José Guillermo Buendía Arévalo celebró el pasado 12 de octubre el XXV aniversario de su ordenación sacerdotal, en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en Bosques de Aragón, de la cual es párroco. Lo acompañaron en la Eucaristía de acción de gracias sacerdotes del presbiterio diocesano, signo de la fraternidad que une a quienes comparten el mismo ministerio al servicio del Pueblo de Dios en Nezahualcóyotl.

Un aniversario que se vive en clave de gratitud

Veinticinco años de vida sacerdotal no son, ante todo, una cifra: son una historia de fidelidad sostenida por la gracia.

Las Bodas de Plata invitan a mirar hacia atrás con la oración del salmista —“¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (Sal 116,12)— y a mirar hacia adelante con la exhortación de san Pablo a Timoteo: “reaviva el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos” (2 Tim 1,6).

Para la comunidad de Bosques de Aragón, la celebración tuvo un sabor particular: se trata de la primera parroquia del P. Guillermo, a cuyo frente está por cumplir apenas un año. Así, los fieles que comienzan a conocer a su pastor tuvieron la oportunidad de agradecer con él los dones que Dios ha derramado a lo largo de un cuarto de siglo de ministerio.

Formador de pastores

Buena parte de su vida sacerdotal la entregó el P. Guillermo a una tarea tan silenciosa como decisiva: la formación de los futuros sacerdotes en el Seminario Diocesano San José. Allí sirvió en las diferentes áreas formativas y, al final de esa etapa, como Rector de la casa de formación.

San Juan Pablo II, en la exhortación apostólica Pastores dabo vobis, recordaba que la formación de los candidatos al sacerdocio es una de las tareas más delicadas e importantes para el futuro de la evangelización. Tomando como lema la promesa del profeta —“Les daré pastores según mi corazón” (Jer 3,15)—, el Papa subrayaba que la Iglesia no puede vivir sin sacerdotes formados en el corazón de Cristo.

Algunos de los presbíteros que hoy sirven en las parroquias de nuestra Diócesis pasaron por las aulas, la capilla y la vida comunitaria del Seminario durante los años de servicio del P. Guillermo. Su huella, por tanto, no se mide solo en su propia trayectoria, sino en las comunidades que hoy son acompañadas por sacerdotes en cuya formación él colaboró.

Del Seminario al pueblo de Dios

El paso de la formación sacerdotal a la vida parroquial es, en cierto modo, la confirmación de lo enseñado: el pastor que preparó a otros para servir ahora vive, en primera persona, la cercanía cotidiana con las familias, los enfermos, los jóvenes y los grupos apostólicos. El Papa Francisco pidió a los sacerdotes ser pastores “con olor a oveja” (Misa Crismal, 2013), y es precisamente en la parroquia donde ese olor se adquiere: en la confesión, en la visita, en la escucha paciente.

El sacerdocio, un don para todos

El Catecismo de la Iglesia Católica recoge una frase del santo Cura de Ars: “El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús” (CEC 1589). Celebrar unas Bodas de Plata sacerdotales es, en el fondo, celebrar ese amor que se hace visible en un hombre concreto, con su historia, sus dones y su entrega.

Proyección pastoral

Este aniversario deja a la comunidad diocesana tres llamados sencillos y concretos. Primero, agradecer: cada sacerdote es un regalo de Dios a su pueblo, y la gratitud se expresa también en la cercanía y el apoyo a nuestros pastores. Segundo, orar por las vocaciones y por quienes hoy se forman en el Seminario San José, para que el trabajo de tantos formadores siga dando fruto. Y tercero, acompañar a nuestros sacerdotes en su fidelidad, porque ningún pastor camina solo: su perseverancia se sostiene también en la oración de su comunidad.

Que la Virgen de Guadalupe, titular de su parroquia, siga cuidando el ministerio del P. José Guillermo Buendía Arévalo, y que estos veinticinco años sean apenas el inicio de muchos más al servicio del Evangelio en nuestra Diócesis de Nezahualcóyotl.

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