Asamblea Diocesana 2026: pistas concretas para una Iglesia que camina unida
En su tercera jornada, la asamblea reflexionó sobre la Iglesia ante la sociedad actual y aterrizó las pistas de implementación de la sinodalidad en la vida parroquial
Nezahualcóyotl, Méx., 21 de octubre de 2026.- ¿Cómo lograr que lo discernido no se quede «guardado en un cajón»? Con esta pregunta de fondo, la Asamblea Diocesana vivió este miércoles su tercera jornada en la Catedral Jesús, Señor de la Misericordia. Presbíteros, religiosas y agentes de pastoral de las cinco vicarías episcopales dieron un paso decisivo: pasar de la reflexión a los compromisos visibles, para que la sinodalidad se convierta en estilo cotidiano de las comunidades.
Leer los signos de los tiempos
La mañana inició con la recepción del Equipo Diocesano de Animación Pastoral (EDAP) y la animación de la Vicaría Señor de la Divina Misericordia. Tras las palabras de bienvenida del P. Valente y la oración inicial preparada por el Decanato Espíritu Santo, Claudia retomó los frutos del día anterior, dedicado al Plan Diocesano de Pastoral y a la catequesis familiar.
La Lic. Verónica Méndez desarrolló el Tema VI, La Iglesia hoy, ante la sociedad de hoy, con un enfoque social, político, económico y religioso. Su exposición ayudó a la asamblea a situar la misión en el contexto concreto que viven las familias del oriente del Valle de México, en sintonía con la invitación del Concilio Vaticano II a escrutar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio (cf. Gaudium et spes, 4). Un representante por vicaría compartió después en el plenario los ecos de la reflexión.
Las pistas de la sinodalidad, en clave parroquial
El Tema VII, Pistas de implementación de la Sinodalidad, articuló el resto de la jornada. El P. Matus recordó las pistas ya trabajadas en las asambleas previas y presentó la Pista 9: tomar el Documento Final del Sínodo y aplicarlo a nuestra realidad.
Tras el rezo del Ángelus, guiado por el Decanato Santa María de Guadalupe, y una nueva animación de la Vicaría Señor de la Divina Misericordia, el Sem. Adalberto expuso la Pista 10, Ver frutos concretos y a corto plazo; Marisol Guzmán presentó la Pista 11, El método: hacer como en la ronda, y Ma. Luisa cerró con la Pista 12, Planificar y acompañar.
Pasos visibles y conversación en el Espíritu
En el trabajo por parroquias, cada vicaría respondió dos de diez preguntas. La Vicaría San Juan Pablo II buscó caminos para estudiar el Documento Final en talleres, cursos o liturgias; la Vicaría Santo Toribio Romo identificó «pasos visibles» urgentes, como abrir responsabilidades a los laicos o renovar consejos.
La Vicaría Señor de la Divina Misericordia profundizó en la conversación en el Espíritu, que no es un debate donde unos ganan y otros pierden; la Vicaría Pablo VI exploró cómo usar este método en los consejos y se inspiró en la minga latinoamericana, reunión de vecinos para un bien común; y la Vicaría San Juan XXIII pensó qué procesos responden a las necesidades más sentidas de sus comunidades.
Estas dinámicas evocan aquella certeza de la Iglesia naciente en el Concilio de Jerusalén: «Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros» (Hch 15,28). Como enseñaba el papa Francisco, una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, consciente de que escuchar es más que oír.
Caminar juntos: el sentido de una palabra
Al final de la jornada, se ofreció una reflexión sobre Sinodalidad: etimología y concepto. La palabra, de raíz griega, une syn (juntos) y hodós (camino): ser Iglesia sinodal es, sencillamente, aprender a caminar juntos, pastores y pueblo, bajo la guía del Espíritu. La oración final, a cargo del Decanato San Francisco de Asís, cerró los trabajos del día.
Del papel a la vida
La tercera jornada dejó una convicción: la sinodalidad no se agota en documentos ni en asambleas, sino que se verifica en gestos concretos. Un consejo renovado, un laico que asume una responsabilidad, una reunión donde de verdad nos escuchamos: ahí se hace visible la acción de Dios.
La asamblea concluirá este jueves 22 de octubre. Mientras tanto, cada comunidad está invitada a preguntarse cuál será su primera acción, por pequeña que sea, para hacer realidad lo que el Espíritu ha sembrado en estos días.
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