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Christus Vivit

Café Católico: un espacio juvenil para descubrir que la vida tiene sentido y que Dios llama a cada joven

Por: Diócesis de Nezahualcóyotl
Imagen de portada

La Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, Col. Las Antenas, fue sede de un nuevo encuentro del Café Católico, iniciativa de la Pastoral de Adolescentes y Jóvenes y de la Pastoral Vocacional de la Vicaría San Juan XXIII.

 

Con la participación de 52 jóvenes, se llevó a cabo un nuevo encuentro del Café Católico, una propuesta que sigue consolidándose como un espacio de escucha, formación y discernimiento para los adolescentes y jóvenes de la Vicaría San Juan XXIII. En esta ocasión, la sede fue la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en la colonia Las Antenas.

 

La actividad fue organizada de manera conjunta por la Pastoral de Adolescentes y Jóvenes y la Pastoral Vocacional, y contó con la hospitalidad del Pbro. Julio César Ponce García, párroco de la comunidad, así como con el valioso apoyo del grupo juvenil parroquial Cor Jesu.

 

Un ambiente de acogida, oración y fraternidad

El encuentro comenzó a las 6:00 de la tarde con una oración inicial y palabras de bienvenida dirigidas por el Padre Julio. Posteriormente, Sor Yesi animó diversas dinámicas que ayudaron a crear un ambiente de confianza, alegría y cercanía entre los participantes.

 

El Pbro. Julio César compartió el tema titulado “El sentido de nuestra vida”, una reflexión profundamente humana y cristiana que invitó a los jóvenes a descubrir que su existencia no es fruto del azar, sino expresión del amor de Dios.

 

Durante la exposición, se subrayó una verdad fundamental del Evangelio: cada persona ha sido creada por amor, es amada infinitamente por Dios y posee una misión única e irrepetible en el mundo. En medio de una cultura que con frecuencia genera incertidumbre y vacío, los jóvenes fueron animados a reconocer que solo en Dios se encuentra el fundamento sólido de la identidad y de la verdadera felicidad.

 

Un diálogo abierto y sincero

Después de un breve receso en el que se compartió café, fruta y agua —generosamente ofrecidos por diversos grupos parroquiales—, se llevó a cabo uno de los momentos más significativos de la noche: un espacio de preguntas y diálogo entre los jóvenes y el Padre Julio.

 

Con gran libertad y confianza, los participantes expresaron inquietudes, dudas y reflexiones sobre la fe, la vocación, el sentido del sufrimiento, la toma de decisiones y el proyecto de vida. La conversación se convirtió en un intercambio profundo y enriquecedor, donde muchos encontraron respuestas, orientación y, sobre todo, la certeza de que Dios sigue hablando al corazón de cada persona.

 

El apoyo generoso de la comunidad

El éxito del encuentro fue posible gracias al trabajo conjunto de muchas personas. Destacó la participación del grupo juvenil Cor Jesu, así como el apoyo fraterno de las Hijas de la Cruz, quienes colaboraron en la organización y acompañamiento del evento.

También fue notable la generosidad de los grupos parroquiales que aportaron alimentos y materiales para la convivencia, mostrando que la pastoral juvenil y vocacional es responsabilidad de toda la comunidad cristiana.

 

Un espacio para escuchar la voz de Dios

El Café Católico se ha convertido en una iniciativa valiosa dentro de la Vicaría San Juan XXIII, al ofrecer a los jóvenes un ambiente sencillo y cercano donde pueden compartir sus preguntas, escuchar testimonios y abrirse a la posibilidad de que Dios tenga un proyecto hermoso para sus vidas.

 

Como recordaba San Juan Pablo II a los jóvenes del mundo: “No tengan miedo de abrir de par en par las puertas a Cristo”. Cuando un joven descubre que su vida tiene sentido y que es amado por Dios, comienza a mirar el futuro con esperanza y a responder con generosidad a la llamada del Señor.

 

Una Iglesia que acompaña y confía en sus jóvenes

Este encuentro en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe fue un signo concreto de una Iglesia que cree en sus jóvenes, los escucha y camina con ellos. Más que una charla, el Café Católico fue una experiencia de encuentro, fraternidad y discernimiento.

 

En un ambiente cálido y familiar, entre una taza de café y una conversación sincera, muchos jóvenes pudieron experimentar que Dios no es una idea lejana, sino una presencia viva que los conoce, los ama y los llama por su nombre.

 

Porque, en realidad, nadie está aquí por casualidad: Dios nos ama, nuestra vida vale y todos tenemos una misión.

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